Paramahamsa Yogananda: Frases y Enseñanzas

Una pequeña selección de enseñanzas y frases de Yogananda, acerca de diferentes temas.

Paramahamsa Yogananda frases seleccionadas

El mayor amor que puedes sentir se encuentra en la comunión con Dios que se experimenta en la meditación. El amor entre el alma y el Espíritu es el amor perfecto, el amor que estás buscando. Cuando meditas, el amor crece. Incontables vibraciones de gozo atraviesan tu corazón. Si meditas profundamente, recibirás un amor que es imposible describir con palabras; conocerás su amor divino y podrás dar ese amor puro a los demás. 

Si pudieras experimentar siquiera una sola partícula del amor divino, tan inmenso sería tu gozo -tan avasallador- que no podrías contenerlo.

 

Frases de Yogananda: Dios, el Gozo Supremo

Decimos que Dios es invisible a nuestros ojos, pero en realidad Él se encuentra visible en el maravilloso universo manifestado. Dios es todo, no simplemente algo.

Dios es Bienaventuranza eterna. Su ser es amor, sabiduría y dicha. Él es tanto impersonal como personal, y puede manifestarse en cualquier forma, según sea su voluntad. Aparece ante sus santos en el aspecto más amado por cada uno de ellos: un cristiano ve a Cristo, un hindú ve a Krishna o a la Madre Divina, y así sucesivamente. Aquellos devotos que adoran a Dios en su aspecto impersonal se tornan conscientes de Él en la forma de Luz infinita o del maravilloso sonido de Om, la Palabra primordial, el Espíritu Santo.

Al contemplar la creación, la cual aparenta ser tan sólida y real, recuerda siempre que tan solo existe como un pensamiento de Dios «solidificado» en formas físicas. Puedes condicionar tu mente para percibir esta verdad con prácticas simples, realizadas cada día. Ante una hermosa puesta de sol. reflexiona: «Dios está pintando el cielo». Al contemplar el rosto de las personas con quienes te encuentres, piensa: «Es Dios quien ha tomado esa forma». Aplica esta manera de pensar a todas tus experiencias: «La sangre que circula por mi cuerpo es Dios; el amor que siento en mi corazón es Dios; todo cuanto existe es Dios».

 

Frases de Yogananda: Vida espiritual

La humanidad está empeñada en una eterna búsqueda de ese «algo más» que espera le aportará una felicidad completa y sin fin. Para aquellos que han buscado y encontrado a Dios, la búsqueda ha terminado: Él es ese Algo Más.

Mucha gente puede tener dudas de que encontrar a Dios sea el propósito de la vida; pero todos pueden aceptar la idea de que el propósito de la vida es la felicidad. Yo digo que Dios es Felicidad; Él es bienaventuranza; Él es Amor. Así pues, ¿por qué no esforzarse por adquirir esa Felicidad? Nadie más puede concedértela. Debes cultivarla continuamente tú mismo.

Dios es la fuente de todo nuestro gozo y de todas las manifestaciones de la naturaleza.

Cultiva aquellos hábitos que te aportarán la verdadera felicidad. Adopta una dieta simple, ejercita el cuerpo y medita diariamente, pase lo que pase, no importa cuáles sean las circunstancias. 

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Aun cuando la vida te diese, de una sola vez, todo lo que desearas -riqueza, poder, amigos-, después de un cierto tiempo te sentirías de nuevo insatisfecho y necesitarías algo más. Pero hay una cosa de la que nunca podrás cansarte: del gozo. Esa felicidad exquisitamente variada, aunque en esencia inmutable, es la experiencia interior que todos anhelan lograr. En verdad, el gozo perdurable y siempre nuevo es Dios, y cuando encuentres este Gozo dentro de ti, lo encontrarás también en todas las cosas externas. Al establecer contacto con Dios, habrás logrado en realidad conectarte con la Fuente misma de la bienaventuranza perenne y sin fin.

El hombre común se encuentra sometido a la influencia de su ambiente mundano. Aquel que posee capacidad de concentración, en cambio, moldea su propia vida. Planea su día y constata, al final de la jornada, que sus planes se han cumplido; se encuentra más cerca de Dios y de su meta. El hombre débil proyecta un gran número de cosas hermosas, pero advierte al término del día que ha sido víctima de las circunstancias y de los malos hábitos. Tal persona generalmente culpa a todos menos a sí misma. Recuerda que no debes culpar de tus problemas a nadie más que a ti mismo.

El devoto debe guardarse de los peligros que implica vagabundear por los alejados senderos de la curiosidad y olvidar la ruta directa que conduce a Dios. Son muchos los devotos que habrían hallado a Dios y oído de sus labios infinitos la solución a todos los enigmas si no se hubiesen extraviado en los callejones sin salida de la insatisfecha curiosidad espiritual o intelectual.

El hombre no debe desear el conocimiento de los misterios de la Creación de Dios más intensamente que el conocimiento de Dios mismo.

Si no colmas los minutos de tu vida con pensamientos centrados en Dios, los años se te escurrirán inadvertidamente y, cuando más necesites del Señor, es posible que seas incapaz de sentir su presencia.

La verdadera felicidad elude al hombre que abandona a Dios, pues Él es la Felicidad Misma.

Dios dice: “Cuando mis hijos creen que no reciben de Mí ninguna contestación a sus oraciones, es porque ignoran que en verdad les respondo, aunque de modo diferente a lo que ellos esperaban. Mientras no hayan alcanzado la perfección, no siempre les responderé de acuerdo con sus deseos. Solamente cuando sean perfectos, sus peticiones estarán en todo momento regidas por la sabiduría.” 

El hombre ha venido a la tierra exclusivamente para aprender a conocer a Dios.

 

Cómo contactar a Dios

Cuando te sientas y te sumerges en el silencio de la meditación profunda, te inunda el gozo que bulle en tu interior y que no está provocado por estímulos externos. El gozo de la meditación es irresistible. Quienes no han experimentado el silencio de la auténtica meditación no saben qué es el verdadero gozo.

Conforme la mente y el sentimiento se dirigen hacia el interior, comienzas a sentir el gozo divino. Los placeres de los sentidos no perduran; pero el gozo de Dios es eterno. ¡Es incomparable!

Cuanto mayor sea la paz que sientas en la meditación, más próximo estarás a Dios. Él se acerca a ti cada vez más a medida que profundizas en la meditación. La paz de la meditación constituye el lenguaje del Señor y su confortante abrazo. 

Todo tiene su lugar, pero desperdiciar el tiempo a costa de tu verdadera felicidad no es beneficioso. Yo abandoné todas las actividades innecesarias para poder meditar y tratar de conocer a Dios, de modo que me fuera posible permanecer inmerso día y noche en la conciencia divina.

Supón que te dices a ti mismo: «Hoy encontraré tiempo para meditar». Pues bien, ¡hazlo!: siéntate a meditar al menos unos pocos minutos. Al día siguiente, decide prolongar un poco más la meditación. Y al día siguiente, a pesar de los obstáculos, haz un esfuerzo un poco mayor.

El Yoga es el arte de hacer todo con la conciencia de Dios. No solo cuando meditas, sino también cuando trabajas, tus pensamientos deben estar constantemente anclados en Él. Si trabajas con la conciencia de que lo estás haciendo para complacer a Dios, esa actividad te une a Él.

El factor más importante para obtener el éxito en nuestra búsqueda de Dios es poseer el inquebrantable anhelo de encontrarle.

Todos aquellos que sinceramente le buscan, con seguridad le encontrarán.

Dios está presente en el trono mismo de tu paz interior. Descubre su presencia allí primero y entonces podrás encontrarle en todo aquello que es bueno y valioso en la vida: en los verdaderos amigos, en la hermosura de la naturaleza, en los buenos libros, en los pensamientos elevados y en las aspiraciones nobles. 

Ora cada día:
“Señor, así muera o el mundo entero desaparezca, estoy dispuesto a dedicar cierto tiempo cada día a estar Contigo.”

El reflejo de la luna no puede verse claramente en aguas agitadas. Pero cuando la superficie del agua está en calma, la imagen de la luna se refleja en forma perfecta. Otro tanto ocurre con la mente: cuando se encuentra en calma, nos es dado contemplar en ella el claro reflejo de la luminosa faz del alma. Como almas somos reflejos de Dios. Cuando, por medio de la práctica de las técnicas de meditación, eliminamos del lago de la mente los pensamientos inquietos, nos es posible contemplar nuestra alma, un reflejo perfecto del Espíritu, y tomar plena conciencia de que el alma y Dios son Uno.

Por medio de la meditación, el sabio aprende a diferenciar entre el alma inmortal que reside en su interior y su perecedero envoltorio corporal.

En primer lugar está mi deber hacia Dios, y a continuación me ocupo de todas las obligaciones menores. 

Mientras no sientas en tu conciencia cuán absolutamente esencial te es encontrar a Dios, jamás le encontrarás. 

La realización del Ser consiste en saber -física, mental y espiritualmente- que somos uno con la omnipresencia de Dios; que no necesitamos orar para que esta venga a nosotros, que no solo estamos próximos a ella en todo momento, sino que la omnipresencia de Dios es nuestra propia omnipresencia, y nuestro ser es y será invariablemente siempre parte de la Divinidad. Lo único que necesitamos hacer es tomar mayor conciencia de ello.

 

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