El Padrenuestro explicado

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Los significados profundos de esta sencilla oración universal establecida por Jesús. El Padrenuestro explicado por Paramahamsa Yogananda:

“Vosotros, pues, orad así:

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino; hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo.

Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.”

~ Mateo 6:9-13

Referencia paralela:

“Cuando oréis, decid:

Padre, santificado sea tu Nombre,
venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano,
y perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos dejes caer en tentación.”

~ Lucas 11:1-4

Jesús vino a la tierra con el propósito de recordarle al hombre que el Señor es el Padre Celestial de todos y, también, para mostrarles a sus hijos el camino de regreso a Él.

Jesús ofreció un modelo de oración apropiado tanto para las personas mundanas como para las espirituales: aquellos que son sumamente devotos no desean de Dios otra cosa que su amor y el desarrollo espiritual, mientras que las personas de mentalidad materialista buscan la ayuda de Dios para tener éxito y bienestar completos en la vida terrenal, incluyendo un mínimo de logros espirituales.

El Padrenuestro expresa una comprensión universal de cómo es posible satisfacer las necesidades del cuerpo, de la mente y del alma a través de la relación del hombre con Dios.

La versión de Paramahamsa Yogananda

La sencilla elocuencia y la profundidad espiritual de estas palabras de Jesús me inspiraron a escribir la siguiente percepción interpretativa:

“Cuando ores, dirígete a Dios desde el corazón con toda la atención de tu mente y, del modo que te he enseñado, di lo siguiente:

Conciencia Cósmica que eres nuestro Padre,
Fuente de la conciencia de todos los seres humanos,
que te hallas presente en la región no vibratoria de la Bienaventuranza Celestial
y te ocultas en las profundidades de la Intuición Celestial,
santificado sea tu Nombre en la tierra.

Que tu santo Nombre -las vibraciones cósmicas emanadas de Ti,
presentes en las manifestaciones terrenales-
sea consagrado a cultivar la conciencia de Ti y no la conciencia material.
Que tu soberana conciencia absoluta irrumpa
y se manifieste en la conciencia humana.
Que venga tu reino espiritual y sustituya al reino material de la conciencia terrena.
Que tu voluntad, guiada por la sabiduría, sea la fuerza
que guíe a los seres humanos que se encuentran en la tierra sumidos en la ilusión,
tal como siguen tu voluntad los ángeles y las almas liberadas
que están en los celestiales reinos astrales.

Danos hoy nuestro pan cotidiano, el maná físico, mental y espiritual
que alimenta nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma:
alimento, salud y prosperidad para el cuerpo;
eficiencia y poder para la mente;
amor, sabiduría y bienaventuranza para el alma.

Perdona nuestros errores, ¡oh Señor!,
y enséñanos a perdonar, de igual modo, los errores de los demás.
Así como perdonamos a un hermano que está en deuda
con nosotros y olvidamos su deuda,
perdónanos también a nosotros, que somos tus hijos,
por el pecado de no recordar la deuda que tenemos Contigo
-el hecho de que todo te lo debemos a Ti: la salud, la vida y el alma.

No nos dejes caer en la tentación,
ni siquiera con el objeto de poner a prueba nuestro limitado poder espiritual.
No nos abandones en el pozo de la tentación donde hemos caído
por haber utilizado erróneamente el poder de raciocinio que nos concediste.
Mas si es tu voluntad ponernos a prueba cuando ya nos encontremos fortalecidos,
entonces, ¡oh Padre!, sé Tú más tentador que la tentación misma.
Ayúdanos para que, mediante nuestro propio esfuerzo
y merced a tu fuerza espiritual presente en nosotros,
podamos liberarnos de todos los males físicos,
mentales y espirituales causantes de sufrimiento.

Enséñanos a comprender que quien gobierna la tierra
no son las fuerzas materiales,
sino tu reino de poder y de gloria, que perdura por siempre.
Nos inclinamos ante Ti al establecer contacto Contigo
en la forma de la Sagrada Vibración Cósmica de Om, Amén.”

El Padrenuestro explicado por Yoganandaji

El modo efectivo de orar, según enseñó Jesús, consiste en desterrar la falta de confianza en uno mismo y hablarle a Dios con gozosa expectación, como quien se dirige a una madre o a un padre abnegados.

El Señor siente por cada ser humano un amor incondicional y eterno, que sobrepasa incluso el más dulce de los cuidados de una madre o de un padre humanos. Esta cualidad se halla implícita en la enseñanza de Jesús de orar al “Padre nuestro” -un Padre que cuida personalmente de cada uno de sus hijos.

En las palabras de Jesús “santificado sea tu Nombre” se halla implícito el reconocimiento de que, aun cuando esta tierra proviene de la divina vibración de Dios, todavía ha de ser consagrada por el nombre de la Divinidad -las vibraciones puras y santas- a causa de la maldad de quienes rechazan esta sagrada presencia entre ellos.

Dado que la bienaventuranza y la sabiduría de Dios son los únicos poderes soberanos que existen en la trascendencia de la Conciencia Cósmica, con las palabras “venga tu Reino” Jesús ora para que estos poderes absolutos de Dios se manifiesten en la conciencia humana, la cual se encuentra sumida en la ilusión desde tiempos inmemoriales.

Jesús ora también “hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo”. Eso expresa que al igual que los ángeles y las almas divinas que moran en los reinos celestiales se encuentran en sintonía con la sabia voluntad de Dios, también aquellos que están en la tierra deberían dejarse guiar deliberadamente por la sabiduría de Dios, en vez de seguir el razonamiento de su ego confinado en el engaño.

“Nuestro pan cotidiano dánosle hoy”: tal vez parezca algo de poca importancia incluir una súplica por el pan cuando se ora al Todopoderoso; sin embargo, en aquel tiempo había mucha pobreza entre las masas, y a menudo tenían poco que comer.

Jesús sabía que realmente no era posible esperar que la gente prestara atención a un mensaje que no resolviera también sus preocupaciones mundanas -una persona con el estómago vacío tiene pocos incentivos para esforzarse por alcanzar la unión con Dios.

En todo caso, Jesús se refería al sustento completo del cuerpo, de la mente y del alma, y no únicamente al pan físico. Él señaló: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

El hombre no puede vivir solo por medios materiales. A cada momento de su existencia depende de la fuerza vital que emana de la creativa Vibración Cósmica de Dios -su “palabra”- y de la sabiduría y la bienaventuranza inherentes a la omnipresente Conciencia Crística que sostiene la conciencia humana.

Cuanto mayor sea su sintonía con esta vitalidad y sabiduría divinas, en mayor medida le será posible lograr la satisfacción de sus necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales.

Así pues, la primera oración del hombre debe estar orientada a adquirir el pan espiritual del contacto con la Bienaventuranza, la Sabiduría y el Amor de Dios, que constituyen los únicos alimentos del alma; luego ha de obtener eficiencia para la mente, a fin de que le sea posible alcanzar metas valiosas; y por último, la prosperidad material suficiente para satisfacer sus necesidades físicas.

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Las tentaciones de Maya

“No nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal”: con estas palabras, Jesús casi parece adjudicarle a Dios la responsabilidad de que el hombre se halle inmerso en la tentación al haber sido conducido deliberadamente por su Padre Celestial hacia esa difícil situación.

En cierta forma, esto es verdad. Dios es el creador del engaño o ilusión, de modo que, en ese sentido, podría decirse que Él actúa como un tentador. No obstante, sería erróneo pensar que Dios, con toda su sabiduría, pretenda conducir a los mortales -tan carentes de dicha sabiduría- a la tentación solo para observar cómo responden a ella. Eso no sería justo.

Dios no es un amigo bromista que se dedica a tentar al ser humano con un mundo de incesantes seducciones que podrían hacerle daño. El bien y el mal son luces y sombras que crean el contraste necesario para producir la película cinematográfica cósmica de Dios. La blanca pureza de la bondad resalta sus virtudes contra el fondo oscuro del mal.

La dualidad del engaño de maya somete a prueba a los hijos de Dios con el objeto de que desarrollen la sabiduría necesaria para distinguir entre el bien y el mal, para que ejerciten la voluntad mediante la cual puedan superar todas las pruebas y liberarse, de ese modo, del juego del gato y el ratón planteado por la tentación de Satanás.

El Señor podría fácilmente anular la influencia de la tentación satánica, pero con ello le negaría al hombre su libre albedrío y lo convertiría en una marioneta.

Lo fascinante del drama de la creación de Dios es ver si por ventura sus hijos le eligen a Él en vez de preferir el atractivo de su espectáculo cósmico -no porque Él los haya obligado de modo alguno, sino solo porque han decidido por propia voluntad responder a su amor-.

Él desea que los seres humanos -sus reflejos mortales- disfruten del grandioso drama que se representa en este cine cósmico mientras recuerdan, en todo momento, su innata divinidad.

Para demostrar esa divina naturaleza, el hombre debe superar con éxito pruebas y tentaciones. Ellas le enseñarán al veleidoso ser humano a sacar a la luz la oculta identidad divina de su alma y a manifestarla en todas las circunstancias de la vida.

El Señor sabe que finalmente sus hijos harán valer el poder del Espíritu que mora en su interior para derrotar al poder de la tentación.

Cómo vencer la tentación

Al despertar por la mañana, debes grabar en tu conciencia lo siguiente:

“Acabo de salir del Espíritu. Soy Espíritu ahora y seré Espíritu por siempre.”

La repetición constante de afirmaciones; el frecuentar la compañía de personas sabias; el estudio de las escrituras; y, sobre todo, la práctica de la meditación -por medio de la cual el sueño consciente de las limitaciones mortales se disuelve por completo en la percepción supraconsciente del alma- es la vía por la cual el devoto perseverante llegará al conocimiento de que es un dios.

La comunión divina restablece en el hombre su Ser original.

Los santos definen como mal todo aquello que, por agradable que parezca, perturba el contacto con Dios y la expresión de las cualidades del alma, los cuales proporcionan la verdadera felicidad.

Una vez que se paladea el gozo de la comunión con Dios, este se vuelve más tentador que todas las tentaciones mundanas.

Si el hombre se deja tentar por ese placer genuino, la atracción de los sentidos comienza a menguar. Puesto que experimentar a Dios constituye el deleite supremo, solo cuando el hombre no cuenta con tal experiencia como punto de comparación, la tentación del mal ejerce poder sobre él.

La luz de una vela se pierde bajo la luz del sol; la llama titilante de los placeres sensoriales desaparece ante el flamígero resplandor del éxtasis.

Los santos son pecadores que jamás se dieron por vencidos.

[Este Padrenuestro explicado por Yoganandaji es un extracto de La Segunda Venida de Cristo]

 

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