Cómo Reconocer a tus Amigos de Vidas Pasadas

La misteriosa atracción entre almas que se manifiesta en nuestra vida bajo la forma de amistad.
Paramahamsa Yoganandaji habla sobre cómo reconocer a tus amigos del pasado.

Cómo reconocer a tus amigos de vidas pasadas

¿Nos hemos conocido anteriormente? Por supuesto que sí.

Hace mucho tiempo, en el regazo del éter, donde fuimos creados como almas, todos dormíamos bajo el manto de la sabiduría de Dios. Cuando Él nos despertó, nos alejamos de Él, como el hijo pródigo de la parábola bíblica, y olvidamos el parentesco divino que a todos nos une; nos convertimos en extraños. Habiendo abandonado nuestro hogar en Dios, nos hemos transformado en solitarios viajeros del destino en esta Tierra.

¿Te das cuenta de cuán lejos has llegado en tu vagar y que has deambulado por numerosas encarnaciones? ¿Cuántas? Es difícil saberlo. Sin embargo, en ocasiones, ciertas experiencias, lugares y rostros despiertan en ti un sentimiento interior de familiaridad que te sugiere haberlos conocido en el pasado.

La amistad es la más noble expresión humana del deseo que tiene Dios de demostrar su amor al hombre.

Dios derrama su afecto sobre el bebé a través del cariño del padre y de la madre. La ternura que sienten por el pequeño es innata, ya que el Creador ha dispuesto que nuestros padres no puedan menos que amarnos. El sentimiento de la amistad, en cambio, se experimenta como una expresión libre e imparcial del amor de Dios.

Dos desconocidos se encuentran y, por una decisión instantánea de sus corazones, desean ayudarse el uno al otro. ¿Has analizado alguna vez cómo sucede esto? El deseo mutuo y espontáneo de ser amigos proviene directamente de la ley divina de atracción; los reiterados actos de mutua amistad entre dos almas, en vidas pasadas, van creando un vínculo kármico que las atrae de manera irresistible en esta vida.

Una de las experiencias más maravillosas de esta vida consiste en encontrar y reconocer a alguna persona a la que frecuentaste en el pasado y con la cual transitaste el mismo sendero en encarnaciones anteriores.

A todos los miembros de mi familia los conocí en vidas pasadas. Y cada cierto tiempo, encuentro a personas a las que conocí en encarnaciones previas, como por ejemplo amigos de mi infancia. A pesar de que no tienen nada en común con mi vida presente, he conocido a esas almas con anterioridad.

Incluso antes de abandonar la India para viajar a Estados Unidos y, más tarde, apenas llegué a Boston, sabía que habría muchos amigos verdaderos de vidas pasadas a los que vería otra vez aquí. Cuando los encuentro en esta vida, reconozco sin duda alguna a aquellos que he conocido con anterioridad. A algunos les dije: “Al fin te hallé de nuevo, pues hemos estado juntos antes. ¿Por qué esperaste tanto tiempo?”

Yogananda and Janakananda

Paramahamsa Yogananda y su discípulo James Lynn

Nunca vi tan emocionado a mi habitualmente reservado gurú, Swami Shriyukteshwarji, como cuando nos conocimos. Él percibió que yo intuí inmediatamente quién era él; y él sabía aún más que yo.

Como señaló Krishna a su amado discípulo:

“¡Oh, Arjuna!, tú y yo hemos experimentado muchos nacimientos.
No obstante, yo los conozco todos, mientras que tú no los recuerdas.”

Jamás podré olvidar el gozo que sentí al reconocer a mi maestro en ese primer encuentro. Nunca en mi vida había tenido contacto con una persona tan extraordinaria como él, que vivía en el espíritu de Dios.

Cómo Reconocer a tus Amigos de Vidas Pasadas

¿Cómo puedes reconocer a quienes conociste anteriormente? En una multitud de extraños, a veces hay una persona que, al primer encuentro, sientes que la conoces desde hace mucho tiempo. Con otras jamás percibes esa afinidad, a pesar de que puedas tener una gran relación con ellas.

Si estás libre de prejuicios y no permites que te engañe la atracción sexual, cuando encuentres almas cuyos rostros y personalidades te atraigan con mucha más fuerza que otras, es muy probable que hayas conocido a esas almas en el pasado.

Es cierto que no se puede encontrar la amistad en todas partes. Hay personas a las que ves todos los días y jamás llegas a conocer, y hay otras, en cambio, a las que te parece haber conocido desde siempre. Debes aprender a identificar esta señal interior. Dondequiera que te encuentres, mantén los ojos abiertos, y cuando sientas atracción espiritual por alguien, cultiva su amistad, pues esa persona ha sido tu amiga en alguna vida anterior.

Tenemos muchos amigos a quienes hemos conocido en vidas pasadas; sin embargo, esas amistades no han llegado aún a ser perfectas. Es preferible comenzar a edificar sobre los cimientos ya establecidos que cavar nuevos cimientos en las arenas de las relaciones pasajeras. Es fácil creer que se tienen muchos amigos, hasta que estos te hieren, causándote una profunda desilusión.

Los cimientos de la amistad no se consolidan con firmeza en una sola vida; se requieren numerosas vidas para edificar la mansión de la amistad, la cual se construye entre las almas que se han conocido con anterioridad, vida tras vida.

Son muchas las personas que cometen errores al escoger amigos, engañadas por las apariencias externas.

La única manera de reconocer a los amigos verdaderos es meditar más. La meditación despierta “dormidos recuerdos de amigos que han de serlo una vez más”.

Debes tratar de encontrar amigos de un modo divino, esto es, eliminando de tu conciencia la idea de que el rostro o cualquier otro aspecto externo son los factores que han de determinar tu sentimiento hacia los demás.

Si sigues esta norma, algún día serás capaz de descubrir amigos auténticos en todas partes. Sentirás la amistad de Dios a través de aquellos canales humanos que son humildes y no le oponen resistencia. A través de los puros de corazón la divina luz de la amistad fluirá hacia ti.

A medida que desaparezcan de tu vida los defectos humanos y se desarrollen las cualidades divinas, tendrás más amigos.

amigos

Una pequeña prueba ayudará también a determinar cuáles son las verdaderas amistades del pasado. Tal vez tengas muchos supuestos “amigos”, que te dirán que eres maravilloso y estarán de acuerdo con todo lo que digas. Tales individuos te necesitan porque quieren obtener algo de ti para su propio beneficio.

Los verdaderos amigos no desean más que disfrutar de tu presencia.

A veces, la prueba que distingue a los amigos reside en la forma en que se comportan contigo cuando has hecho algo que les provoca o contradice. Quienes en verdad te aman nunca tomarán represalias ni te abandonarán, a pesar de que puedan existir desacuerdos.

Tus auténticas amistades de otras vidas te brindarán un amor sin condiciones. Hagas lo que hagas, ellos siempre te ofrecerán su amistad. Cualquiera que te ame de manera incondicional es alguien a quien ya conociste con anterioridad. Esa es la clase de amistad que igualmente tú debes prodigar.

Al analizar quiénes son tus amigos de vidas pasadas, un rasgo que también te resultará revelador es el grado de afinidad que sientas con ellos.

Conforme concentres gradualmente tu conciencia en el desarrollo de una amistad verdadera con otra persona, advertirás que comienzas a conocer lo que esa persona sentirá o cómo responderá, aún antes de que reaccione. Si puedes hacerlo poco tiempo después de haber iniciado la relación, con seguridad conociste a esa persona en vidas pretéritas.

Estos son algunos de los signos por los cuales sabemos quiénes fueron nuestros amigos del pasado.

Sé cordial con todos, mas no esperes que ellos sean tus amigos, a menos que hayan pasado estas pruebas. A quienes no las pasen, prodígales amor y consideración, pero recuerda que no están preparados para recibir tu amistad. No debes permitir que tu corazón o tus sentimientos resulten afectados.

La mansión de la amistad debe edificarse sobre cimientos sólidos. Si disientes de lo que piensan tus amigos y pierdes su estimación debido a eso, sabrás entonces que no eran, en verdad, tus amigos. No debes tratar de edificar la mansión de la amistad sobre las arenas de tales relaciones.

La mayoría de las personas son egoístas; desean complacer a los demás por lo que puedan obtener de ellos. Dichas personas dicen “Sí” indiscriminadamente, impulsados por la conveniencia del momento. Nunca renuncies a tu libre albedrío ni comprometas tu conciencia e ideales para obtener algún provecho. Mantente fiel a los más nobles principios.

La amistad debe estar presente en todas las relaciones humanas: entre padres e hijos, entre esposo y esposa, entre hombres, entre mujeres, y entre hombres y mujeres.

La amistad es incondicional. Cuando experimentas el impulso de ofrecer tu amistad a otros, estás en verdad sintiendo la presencia de Dios. La amistad es un impulso divino.

Dios no se contenta con cuidar de sus hijos humanos bajo el disfraz de los padres y otros familiares. Él asume también la forma de nuestros amigos, para darnos así la oportunidad de expresar el amor incondicional de nuestro corazón.

La amistad es una gran fuerza universal. Cuando tu anhelo de amistad es lo suficientemente poderoso, aún cuando esa persona desconocida que está en sintonía espiritual contigo viva en el Polo Sur, el magnetismo de la amistad atraerá a ambos hasta juntarlos.

Si buscas este tipo de amigos, ora a Dios de esta forma:

“Señor, llévame hacia aquellos que hayan sido mis amigos en el pasado,
para que pueda reanudar con ellos la amistad que se interrumpió
por la separación que impone la muerte.
Envía esos amigos hacia mí, pues deseo ayudarles
con mi pensamiento que en Ti se concentra”.

Este es un ideal maravilloso, ¿verdad? Mantener una amistad no para conversar sobre banalidades ni para entretenerse con pasatiempos inútiles, sino para desarrollar la amistad suprema con Dios. Sólo en ese plano de sincera amistad encontrarás felicidad duradera con cualquier otra alma.

Expande tu Amistad hasta el Infinito

No limites tu amistad a una sola persona, sino que trata de establecer gradualmente esa relación divina con otras personas que posean nobles ideales.

Comienza por ofrecer tu amistad a aquellos que son verdaderamente buenos; extiéndela luego a otros en forma progresiva, hasta que llegues a sentir amistad por todos los seres humanos y puedas decir: “Soy amigo de todos, incluso de mis enemigos.”

Si alguien se aprovecha de tu confianza, continúa de todos modos prodigándole amor  y comprensión, como desearías que lo hiciera contigo. Y si esa persona persiste en actuar con despecho, golpeando la mano amistosa que le tiendes, es mejor que retires tu mano por algún tiempo.

Brindemos nuestro amor a todos. Oremos para poder encontrar a nuestros amigos del pasado y demostrarnos nuestra amistad, de modo que podamos finalmente entender y merecer la amistad de Dios.

No nos uniremos con Dios a menos que estemos unidos con todos sus hijos en un espíritu de amistad. Debemos, pues, tratar a todos desde esa divina perspectiva, con la conciencia de que cada individuo es una imagen de Dios.

Cuando alcanzas esta comprensión, sientes amor por todos; llegas a ver que cada ser humano es hijo del Padre Celestial, y que el amor que sientes por todos los seres nunca muere, sino que crece y se expande hasta que, en el amor de los amigos, tomas plena conciencia del infinito amor de Dios.

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